Hay una máxima que dice: “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan” y que, más o menos, a todos nos hace viajar a la infancia, nuestra patria. Dicho con otras palabras, estamos hablando de EMPATÍA, de ponerse en el lugar del otro, de tratar con consideración y respeto a todas las personas… así evitaríamos casos de bullying.

¡Empatía, sí!, en mayúsculas, porque es una virtud que quien la tiene, posee un don, es más feliz y logra una relación con el mundo (léase con todo lo que le rodea) más humana, cercana y real.

Algo está pasando, y más que grave podría calificarse de terrible, cuando desde la televisión nos asaltan y sobresaltan casi a diario con noticias sobre acoso escolar, ya sea en vivo y en directo o utilizando la tecnología; estamos hablando de lo que conocemos como bullying o cyberbullying, obsesionados como estamos hoy en día por importar términos anglosajones, (aunque eso es otra historia).

Hijos como son nuestros hijos de su tiempo, hoy en día las nuevas tecnologías (Internet, teléfonos móviles o videojuegos en toda su extensión) contribuyen a llevar al seno de los hogares ese acoso a niños o chavales que no pueden desconectar de ese particular infierno que viven a causa de la maldad y crueldad de otros compañeros de clase. Porque, hay que recalcarlo, estamos hablando de violencia física o verbal (o ambas) entre iguales, entre NIÑOS.

Pero ¡claro!… todos vamos tan rápido -contando las horas, minutos y segundos de nuestro día- que nos olvidamos de lo que de verdad importa: educar en valores y principios a nuestros chavales; ¡Y sí!, parece mentira que haya que recalcar algo tan esencial.

Y no, no me sirven argumentos como que los niños son crueles o que el acoso escolar (bullying) ha existido siempre ni muchísimo menos la frase hecha y recurrente “son cosas de niños” para utilizarlos y así mirar hacia otro lado con la conciencia tranquila.

¡Vaya razones de peso para no atajarlo!

¿Qué hacen los padres? ¿Qué hacen los maestros? ¿Qué hacen los políticos de turno? ¡¡¿¿Qué hacemos todos??!!

¿Qué hacen los otros niños que presencian ese acoso, esa presión psicológica y/o hacia un compañero del colegio (o instituto) de manera constante y repetitiva? Eso mina la autoestima de cualquiera… ¡¡¡Pero por favor!!!

Ser cómplice de este tipo de actitudes violentas hacia otras personas, en este caso NIÑOS, insisto NIÑOS, es ser responsable.

Y no, no hay recetas ni varitas mágicas para que de la noche a la mañana desaparezca el dichoso y desgraciadamente cada vez más popular bullying. Pero sí podemos educar a los niños (empezando por nuestros hijos) en el RESPETO y la EMPATÍA. Porque ellos también pueden ser verdugos o víctimas.

Porque no todo vale, porque no nos podemos saltar los límites… porque todos somos responsables. Porque, a juzgar por los datos publicados día sí día también en los medios de comunicación, estamos ante problema social que preocupa (y mucho…), a los padres, profesores y a los propios alumnos. Y, por supuesto, a los colegios.

Porque si perdemos la ética, los valores y principios morales… ¿qué nos queda?

 

Bullying… What else?

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